miércoles, 16 de noviembre de 2011

Homero el aeda ciego



(s.VIII a.C.) Poeta griego. En palabras de Hegel, Homero es «el elemento en el que el mundo griego vive como el hombre vive en el aire». Admirado, imitado y citado por todos los poetas, filósofos y artistas griegos que le siguieron, es el poeta por antonomasia de la literatura clásica, a pesar de lo cual la biografía de Homero aparece rodeada del más profundo misterio, hasta el punto de que su propia existencia histórica ha si
do puesta en tela de juicio.
Las más antiguas noticias sobre Homero sitúan su nacimiento en Quíos, aunque ya desde la Antigüedad fueron siete las ciudades que se disputaron ser su patria: Colofón, Cumas, Pilos Ítaca, Argos, Atenas, Esmirna y la ya mencionada Quíos. Para Simónides de Amorgos y Píndaro, sólo las dos últimas podían reclamar el honor de ser su cuna.
Aunque son varias las vidas de Homero que han llegado hasta nosotros, su contenido, incluida la famosa ceguera del poeta, es legendario y novelesco. La más antigua, atribuida sin fundamento a Herodoto, data del siglo V a.C. En ella, Homero es presentado como el hijo de una huérfana seducida, de nombre Creteidas, que le dio a luz en Esmirna. Conocido como Melesígenes, pronto destacó por sus cualidades artísticas, iniciando una vida bohemia. Una enfermedad lo dejó ciego, y desde entonces pasó a llamarse Homero. La muerte, siempre según el seudo Herodoto, sorprendió a Homero en Íos, en el curso de un viaje a Atenas.

La Iliada


El poema más antiguo escrito de la literatura occidental. Compuesto por Homero en hexámetros dactílicos en la segunda mitad del siglo VIII ac.
Consta de 15.691 versos (divididos por los editores en 24 cantos o rapsodias). Un dáctilo es un tipo de métrica consistente en una sílaba larga y dos cortas.
Fue escrito en una variante de la antigua lengua griega jamás utilizada en la comunicación cotidiana, es decir, en un habla genérica.





Canta, oh diosa, la cólera del Pelida Aquileo; cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes, a quienes hizo presa de perros y pasto de aves —cumplíase la voluntad de Zeus—desde que se separaron disputando el Atrida, rey de hombres, y el divino Aquileo.

(Traducción de Luis Segala Y Estaella. Canto 1 Versos 1 a 7)

La Ilíada es una epopeya griega. Narra la cólera  de Aquiles –prototipo del héroe épico-, hijo del rey Peleo y de la nereida Tetis, su causa, su larga duración, sus consecuencias, y su posterior deposición; se desarrollan los acontecimientos ocurridos durante 51 días en el décimo y último año de la Guerra de Troya. El posterior título de la obra deriva del nombre griego de Troya, Ílion.
La cólera se origina por la afrenta que realiza Agamenón a Aquiles cuando le arrebata su parte del botín, la joven sacerdotisa Briseida. Zeus respalda la decisión de Aquiles a través de la petición de la madre del gran guerrero Mirmidón, Tetis, y, en este sentido, manifiesta la fortaleza de los troyanos, en especial la de Héctor Priámida, el pilar del ejército troyano, quien se ciega en la apariencia de su éxito provisional.
Al verse hundidos en una gran penuria, los griegos envían a Aquiles una embajada con la intención de ofrecerle una lista de regalos, los cuales recibiría como compensación por la ofensa de Agamenón, pero el carácter mismo de la embajada deriva en que Aquiles se niegue rotundamente a ella.
Aquiles se sumerge en el dolor tras la muerte de Patroclo, su amigo que había muerto en combate frente a los troyanos y vuelve al combate de una manera furiosamente decidida. Luego de cercar a todo el ejército contrario entre las murallas de Ilión; persigue a Héctor alrededor de la ciudad, a la vista de todos los suyos, y le da muerte.

Tras el combate, se realizan las exequias de Patroclo, pero Aquiles retiene y desfigura el cuerpo de Héctor (contra la decisión de los dioses), hasta que una noche, guiado por Hermes Argifonte, Príamo logra que Aquiles le devuelva el cuerpo de su hijo. La ira de Aquiles termina junto con el poema, cuando se reconcilia con Príamo, padre de su enemigo Héctor, en el momento en que se celebran los funerales de éste.

La Odisea


En la Ilíada se narran los eventos ocurridos antes de que Aquiles deponga su cólera. En la Odisea los ocurridos antes de que Poseidón deponga la suya.
Ira, cólera: la batalla en un poema, el regreso a caa en el otro. El problemático mundo interno de un héroe y de un dios permite tejer un mundo externo que configura la casi totalidad de la Ilíada y la Odisea.
La preeminencia de la exterioridad no significa la anulación del mundo interno. La cólera de Poseidón, esa insinuación, constituye no más que el principio y motivo de la Odisea: a lo largo de la obra asistimos, si queremos, al viaje interno que es posible observar en Odiseo y en Telémaco, permeado a su vez por mundos externos (Ogigia, país de los Feacios, Itaca, Pilos, Lacedemonia) que señalan una importancia suma del hogar, centro de la intimidad.
Pero esa dicotomía, afortunadamente, se confunde en algunos pasajes exaltando el carácter complejo del poema, configurando un Mundo (interno y externo) que en la Ilíada podía percibirse con claridad y que, de una u otra forma, se repetía (aunque esto corresponde también a la cualidad estática que representaba el desarrollo de las acciones en un solo lugar: Troya).
Hacia el canto VI Atenea visita a Nausícaa tomando la figura de la hija de Diamantes y le habla mientras duerme. Al día siguiente Nausícaa despierta y refiere el sueño (las palabras de Atenea). ¿Es interno o externo el acto de soñar? ¿Aquellas palabras proferidas por la diosa en qué mundo deben inscribirse y entenderse? ¿Cómo podemos leer el evento? Y luego, ¿A qué corresponde el hecho de que se haga énfasis en el sueño en varios episodios? (como acto, no como presencia divina).
De manera directa penetramos en Odiseo al ser expuestos sus pensamientos. En él se hace evidente el desasosiego (bajo la fórmula ¡Ay de mí!) y la duda e incertidumbre materializadas a través de la pregunta (¿Qué será de mí? ¿Cómo serán ellos? En suma (Canto V), ¿Qué es lo que al fin me va a suceder?).
Conocemos su sino a través del diálogo mismo. Sabemos de su pudor en el Canto VI cuando hablando con Nausícaa afirma: "…haríaseme vergüenza ponerme desnudo entre jóvenes de hermosas trenzas".

Una intimidad es revelada a través del gesto ("… estaba llorando en la ribera, donde tantas veces, consumiendo su ánimo con lágrimas, suspiros y dolores, fijaba los ojos en el Ponto estéril y derramaba copioso llanto". Canto VI).
En fin, la caracterización de Odiseo, ya sea por el rapsoda, ya por los demás personajes, pone de manifiesto la presencia de un mundo interior. El adjetivo implica no sólo la precedencia de actos que lo justifican sino de un universo que sustenta esos actos. Cuando Penélope afirma hacia el Canto IV que Odiseo posee el "ánimo de un león" y que es un "varón ilustre y famoso" está diciendo algo más que eso; o mejor, está diciendo eso y algo más.
Lo anterior, si bien puede resultar obvio (con seguridad lo es), significa que el texto está construido por mundos internos. El mundo externo, la acción, es el antifaz (y curioso es que Odiseo guste tanto de vestidos que lo oculten) de un mundo interno sugerido.
Podemos incluso intentar ir más lejos.
La casa en que habitan los seres (sean estos dioses, hombres o simplemente monstruos) no sólo admite y configura la existencia de un mundo externo cognoscible sino también la de uno interno que, insinuado, se nos antoja más interesante.
"Atenea fuese al Olimpo donde dicen que está la mansión perenne y segura de las deidades; a la cual ni la agitan los vientos, ni la lluvia la moja, ni la nieve la cubre – pues el tiempo es allí constantemente sereno y sin nubes-, y en cambio la envuelve esplendorosa claridad: en ella disfrutan perdurable dicha los bienaventurados dioses". (Canto VI).
Lo que pretendo entienda el lector de esta nota es que allí donde la descripción parece detenerse en cómo es un objeto se está también penetrando en la interioridad de unos personajes por medio de la insinuación; la imagen sugiere.
Y más. Los actos que se ejercen sobre los hombres por parte de los dioses apuntan a un objetivo interno y a veces se dirigen exclusivamente al interior.
A propósito recordemos cómo en el Canto VI Nausícaa permanece ante la presencia afeada de Odiseo luego de ser abandonada por sus esclavas que huyeron despavoridas: "Pero se quedó sola e inmóvil la hija de Alción, porque Atenea diole ánimo a su corazón y libró del temor a sus miembros". En otro pasaje: "… algún numen me ha echado acá para que padezca nuevas desgracias, que no espero que éstas se hayan acabado, antes los dioses deben de prepararme muchas todavía", a lo que replica Nausícaa: "… el mismo Zeus Olímpico distribuye la felicidad a los buenos y a los malos, y si te envió esas penas debes sufrirlas pacientemente…". Padecer: las eventualidades corresponden a la voluntad divina (deseo que emerge desde su interior) y aunque exigen la vivencia de un acto externo terminan conformando un Ponto al interior de cada hombre .
aba esta nota advirtiendo la presencia de un mundo interno en la Odisea por medio de la cólera en Aquiles y en Poseidón. Hacia este punto creo lícito afirmar que una lectura atenta de la obra nos conduce a una conclusión asaz inquietante: el mundo interno abarca luengas páginas de la Odisea; allí donde los periplos de Odiseo parecieran revelar la exclusividad de la acción también se revela la presencia del deseo, la duda, el temor y la cólera.
Santiago Gallego

La Iliada /La Odisea / Himnos / Margites / Batracomiomaquia / / Epigramas y Fragmentos
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...Y aquí abajo les dejo un diccionario sobre los vocablos homéricos para que disfruten estas obras maestras sin inconvenientes. ¡Hasta la Próxima!



Robert P. Keep_Homeric Dictionary With Bookmarks



miércoles, 9 de noviembre de 2011

Hesíodo el poeta campesino


Casi todo Cuanto sabemos de este poeta lo ha dicho él mismo en sus dos obras principales, la Teogonía y los Trabajos y Días. Era un campesino, hijo de un comerciante de Cime (la Cumas asiática) establecido en Ascra (Trab. 631-640), donde sin duda nació y vivió Hesíodo.
Ascra fue una pequeña aldea beocia, pobre, pero vecina de Tespias, un centro cultural importante, no lejos de Tebas, y situada al pie del monte Helicón. En Tespias, certámenes poéticos vinculados al culto de las Musas hacían converger seguramente cantores de los lugares
más distantes del mundo conocido que traían con ellos sus tradiciones y sus mitos; quizá uno de ellos fuera el padre de Hesíodo.
Si no se trata de un expediente literario — y la crítica moderna se inclina a que no —, tenía un hermano, Perses, con el que pleiteó para defender su parte de la herencia paterna (Trab. 27-41). De todos modos, la posición económica de Hesíodo era suficiente — teniendo en cuenta la pobreza y las duras condiciones de su tierra como para poseer un campo y los utensilios de labranza necesarios para cultivarlo, así como para conocer y poder aconsejar sobre la mejor estación para la navegación
(Trab. 631-640); también le permitía su hacienda apacentar un rebaño en el Monte Helicón, donde, según confiesa al comienzo de la Teogonía (22-24), lo iniciaron las Musas en el arte de la poesía:

 <Ellas precisamente enseñaron una vez a Hesíodo un
bello canto mientras apacentaba sus ovejas al pie del di-
vino Helicón. Este mensaje a mí en primer lugar me diri-
gen las diosas, las Musas Olímpicas, hijas de Zeus por-
tador de la égida:

 “¡Pastoras del campo, triste oprobio. vientres uno
sólo! Sabemos decir muchas mentiras con apariencia de
verdades; y sabemos, cuando queremos, proclamar la
verdad.”.


De su carrera profesional como poeta sólo sabemos que viajó a Calcis — la única vez que abandonó su aldea — para participar en una competición poética (la tradición inspiradora de una obra que se nos ha conservado de ese Certamen tal como quedó redactado en el s. II d. C., lo hace contrincante nada menos que del gran Homero) celebrada con motivo de los juegos funebres en honor de Anfidamante. Allí venció y obtuvo como premio un trípode, dedicado por él a las diosas del Helicón (Trab. 650~662).
 A partir de estos datos y de la influencia evidente en los principales poetas liricos del siglo v  a. C., especial
mente en Arquloco, a quien la leyenda presentaba como hijo suyo, se ha postulado que vivió hacia la segunda mitad del siglo viii a. C.
 Lo cierto es que las noticias biográficas mencionadas sintonizan bien con el mundo de experimentación y cambios a que corresponde el tránsito del siglo viii al vii a. C.; algunos de sus elementos sociales, políticos y económicos los sorprendemos deslizándose en muchas partes de la Teogonía, en la configuración de catálogos como el de las Nereidas y Oceánides y en las competencias atribuidas a las Musas y a la diosa Hécate. Además, la realidad económica del mundo de Hesíodo, su estructura familiar, la vida cotidiana en aldeas tan pobres como Ascra, donde el hombre luchaba para sobrevivir contra la dureza del clima y las dificultades de la tierra, así como el conocimiento del calendario agrícola por estos campos, cuyos ojos estaban siempre vueltos al cielo, todo ello afluye con gran fuerza en los mitos, consejos y prohibiciones de los Trabajos y Días.


La fortuna cultural de Occidente ha querido que, tras un largo, complicado y difícil proceso de transmisión, de casi tres milenios, nos hayan llegado casi completas las obras principales de dos grandes poetas griegos: Homero y Hesíodo. Ya se discutía en la Antigüedad — y se sigue discutiendo todavía — si era anterior Homero a Hesíodo, éste a aquél, o ambos coetáneos. Pero, en todo caso, el ambiente social y cultural que se refleja en los estadios más recientes de los poemas homéricos y de la Teogonía y Trabajos y Días, permiten aventurar el último cuarto del siglo V a. C. como época de composición de estas obras.
 Por lo que se refiere a Hesíodo, decía que «la fortuna cultural de Occidente ha querido... » por una razón muy simple: porque, así como sin la flíada y la Odisea, fuente de inspiración para casi toda la literatura griega y latina y de discusión para gran parte de la literatura cristiana, no podría entenderse el pensamiento occidental, tan fuertemente determinado por la cultura clásica y ésta por la homérica, los poemas de Hesíodo abrieron la puerta a la conciencia individual del hombre antiguo, al reconocimiento de un Derecho sancionado por la divinidad y, lo que es más importante, a la organización espacial y temporal, religiosa e histórica del mundo. Él dio una estructura coherente a los mitos griegos y éstos inspirarían luego amplias parcelas de la creatividad humana, no sólo la literatura, sino también la filosofía, la teología, la música, la pintura y otras artes.

OBRAS Y FRAGMENTOS

TEOGONÍA• TRABAJOS Y DÍAS • ESCUDO • FRAGMENTOS • CERTAMEN [Ed. Gredos]

Archivo Rar/ Doc / 335Kb / Español.