miércoles, 9 de noviembre de 2011

Hesíodo el poeta campesino


Casi todo Cuanto sabemos de este poeta lo ha dicho él mismo en sus dos obras principales, la Teogonía y los Trabajos y Días. Era un campesino, hijo de un comerciante de Cime (la Cumas asiática) establecido en Ascra (Trab. 631-640), donde sin duda nació y vivió Hesíodo.
Ascra fue una pequeña aldea beocia, pobre, pero vecina de Tespias, un centro cultural importante, no lejos de Tebas, y situada al pie del monte Helicón. En Tespias, certámenes poéticos vinculados al culto de las Musas hacían converger seguramente cantores de los lugares
más distantes del mundo conocido que traían con ellos sus tradiciones y sus mitos; quizá uno de ellos fuera el padre de Hesíodo.
Si no se trata de un expediente literario — y la crítica moderna se inclina a que no —, tenía un hermano, Perses, con el que pleiteó para defender su parte de la herencia paterna (Trab. 27-41). De todos modos, la posición económica de Hesíodo era suficiente — teniendo en cuenta la pobreza y las duras condiciones de su tierra como para poseer un campo y los utensilios de labranza necesarios para cultivarlo, así como para conocer y poder aconsejar sobre la mejor estación para la navegación
(Trab. 631-640); también le permitía su hacienda apacentar un rebaño en el Monte Helicón, donde, según confiesa al comienzo de la Teogonía (22-24), lo iniciaron las Musas en el arte de la poesía:

 <Ellas precisamente enseñaron una vez a Hesíodo un
bello canto mientras apacentaba sus ovejas al pie del di-
vino Helicón. Este mensaje a mí en primer lugar me diri-
gen las diosas, las Musas Olímpicas, hijas de Zeus por-
tador de la égida:

 “¡Pastoras del campo, triste oprobio. vientres uno
sólo! Sabemos decir muchas mentiras con apariencia de
verdades; y sabemos, cuando queremos, proclamar la
verdad.”.


De su carrera profesional como poeta sólo sabemos que viajó a Calcis — la única vez que abandonó su aldea — para participar en una competición poética (la tradición inspiradora de una obra que se nos ha conservado de ese Certamen tal como quedó redactado en el s. II d. C., lo hace contrincante nada menos que del gran Homero) celebrada con motivo de los juegos funebres en honor de Anfidamante. Allí venció y obtuvo como premio un trípode, dedicado por él a las diosas del Helicón (Trab. 650~662).
 A partir de estos datos y de la influencia evidente en los principales poetas liricos del siglo v  a. C., especial
mente en Arquloco, a quien la leyenda presentaba como hijo suyo, se ha postulado que vivió hacia la segunda mitad del siglo viii a. C.
 Lo cierto es que las noticias biográficas mencionadas sintonizan bien con el mundo de experimentación y cambios a que corresponde el tránsito del siglo viii al vii a. C.; algunos de sus elementos sociales, políticos y económicos los sorprendemos deslizándose en muchas partes de la Teogonía, en la configuración de catálogos como el de las Nereidas y Oceánides y en las competencias atribuidas a las Musas y a la diosa Hécate. Además, la realidad económica del mundo de Hesíodo, su estructura familiar, la vida cotidiana en aldeas tan pobres como Ascra, donde el hombre luchaba para sobrevivir contra la dureza del clima y las dificultades de la tierra, así como el conocimiento del calendario agrícola por estos campos, cuyos ojos estaban siempre vueltos al cielo, todo ello afluye con gran fuerza en los mitos, consejos y prohibiciones de los Trabajos y Días.


La fortuna cultural de Occidente ha querido que, tras un largo, complicado y difícil proceso de transmisión, de casi tres milenios, nos hayan llegado casi completas las obras principales de dos grandes poetas griegos: Homero y Hesíodo. Ya se discutía en la Antigüedad — y se sigue discutiendo todavía — si era anterior Homero a Hesíodo, éste a aquél, o ambos coetáneos. Pero, en todo caso, el ambiente social y cultural que se refleja en los estadios más recientes de los poemas homéricos y de la Teogonía y Trabajos y Días, permiten aventurar el último cuarto del siglo V a. C. como época de composición de estas obras.
 Por lo que se refiere a Hesíodo, decía que «la fortuna cultural de Occidente ha querido... » por una razón muy simple: porque, así como sin la flíada y la Odisea, fuente de inspiración para casi toda la literatura griega y latina y de discusión para gran parte de la literatura cristiana, no podría entenderse el pensamiento occidental, tan fuertemente determinado por la cultura clásica y ésta por la homérica, los poemas de Hesíodo abrieron la puerta a la conciencia individual del hombre antiguo, al reconocimiento de un Derecho sancionado por la divinidad y, lo que es más importante, a la organización espacial y temporal, religiosa e histórica del mundo. Él dio una estructura coherente a los mitos griegos y éstos inspirarían luego amplias parcelas de la creatividad humana, no sólo la literatura, sino también la filosofía, la teología, la música, la pintura y otras artes.

OBRAS Y FRAGMENTOS

TEOGONÍA• TRABAJOS Y DÍAS • ESCUDO • FRAGMENTOS • CERTAMEN [Ed. Gredos]

Archivo Rar/ Doc / 335Kb / Español.

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